Calidad no es lo mismo que gratuidad

(Editorial)

Ya no es sorpresa para nadie que la educación está tambaleando desde hace tiempo. La más importante investigación sobre el nivel educativo de 40 países, la llamada Encuesta Pisa, afirma que Chile no sólo está en niveles bajísimos en las tres materias analizadas en el 2010-, sino que no se ha producido progresión alguna desde que se efectuó la primera encuesta, en el 2000. Tal parece ser que, como botón de muestra para la causa estudiantil que mueve a los estudiantes secundarios y universitarios en el país, el nivel educativo de Chile pide a gritos algo más que una reforma legislativa que le quite el lucro a la educación, sino una cirugía completa.

Lo peor de esta situación no son los negativos resultados obtenidos por los alumnos chilenos, sino que la confrontación política actual amenaza con impedir la tan necesaria honestidad y sentido común para reconocer unos problemas que necesitan de una urgente corrección del rigor académico que se aplica actualmente. A estas alturas la política educativa es algo demasiado serio como para que se emplee como un arma de lucha partidista. La educación está en crisis, eso no se puede rebatir, y algo tan vital para el desarrollo de una nación como lo es la capacitación de las futuras generaciones no debería utilizarse bajo ningún aspecto como escenario para librar ideologías políticas.

A la vista salta que, más que educación gratuita para todos, lo que el país necesita es una educación de calidad para todos. Inquieta ver como la comitiva de estudiantes y el gobierno, más que una lucha por una educación justa y de calidad para todas las clases sociales de Chile, están demostrando una inmadurez empapada de obstinación y hostilidades políticas que se desvían de la tan anhelada reforma educativa que necesita el país.

Ahora solo queda preguntarnos si el corte al lucro que piden los estudiantes o las facilidades monetarias que propone el gobierno son realmente lo que el país necesita. Sin embargo salta a la luz que el problema es más que una cuestión de dinero, pues ya se ha visto que en otras naciones con menores inversiones el resultado académico es mucho mejor, con independencia de la capacidad adquisitiva de las familias.

Tal vez ya es momento de que la comitiva de estudiantes, el gobierno y la oposición se pongan de acuerdo de una vez en lo que se refiere a una reforma educativa de calidad, y no a un intercambio de posturas partidistas y soluciones sin fondo que poco tienen que ver con el bienestar intelectual de las futuras generaciones.

Por Débora Huentrul

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