“Es un libro que te ayuda a valorar a tus amigos”

               

Miranda Pinto (2o), estudiante de ingeniería informática en la universidad San Sebastián, relata como El Principito– hoy ya un clásico de la literatura infantil- le ayudó a reconciliarse con una de sus amigas, con quien no se hablaba desde hacía meses.

“No me gusta mucho leer”, admite Miranda mientras juguetea con su pulsera. Sobre las rodillas sostiene una carpeta azul que, según cuenta después, contiene guías repletas de complicados ejercicios matemáticos.

Se define a sí misma como “terca y orgullosa”, características que a veces dificultan sus relaciones con los demás. “Como la rosa” añade ella articulando una sonrisa y refiriéndose a la vanidosa flor que aparece en el libro.

_¿Cual fue la razón que te llevó a leer El Principito?

_Estaba de visita en la casa de mis tíos y cuando empezaba a aburrirme de escucharlos conversar con mis viejos, vi que el libro estaba entremedio de los cojines del sillón. Empecé a hojearlo y luego a leerlo de corrido, aunque no lo terminé allí, sino en mi casa.

_¿Te llevaste el libro a tu casa?

_Sí. Se lo pedí prestado a mi tía y lo acabé de leer esa misma noche. Fue muy raro, porque no me gustan los libros infantiles, pero el Principito me hizo reflexionar harto mientras lo leía (pausa) Hizo que me diera cuenta de que extrañaba mucho la presencia de la Paulina, una de mis mejores amigas, y con la no me hablaba desde una discusión que tuvimos. Y habían pasado meses desde entonces.

_¿Qué parte del libro fue la ayudó a que te dieras cuenta de eso?

_No recuerdo exactamente lo que decía el capítulo, pero es donde El Principito cuenta que su rosa era única, que no había otra como ella en el mundo a pesar de sus defectos. También me gustó mucho la escena del zorro. Es un libro que te ayuda a valorar a tus amigos, a reconocer su importancia en nuestras vidas.

_¿El Principito es para ti, entonces, una moraleja sobre la necesidad de la amistad?

_Es que el ser humano no sirve para estar sólo. El Principito te ayuda a darte cuenta de que no vale la pena perder a un amigo solo por sus diferencias o defectos. Recuerdo que esa misma noche llamé a la Paulina para que nos reconciliáramos y hoy todo va mucho mejor entre nosotras.

                                                                                                                              Por Débora Huentrul (Entrevista de perfil)

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